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5 mar 2007

cadena de valor


La cadena de valor fue descrita y popularizada por Michael Porter en su best-seller de 1986: Competitive Advantage: Creating and Sustaining Superior Performance. New York, NY The Free Press.


La cadena de valor categoriza las actividades que producen valor añadido en una organización. Las actividades primarias se dividen en: logística interna, operaciones (producción), logística externa, ventas y marketing, servicios post-venta (mantenimiento). Estas actividades son apoyadas por: dirección de administración, dirección de recursos humanos, desarrollo de tecnología (investigación y desarrollo) y abastecimiento (compras). Para cada actividad de valor añadido han de ser identificados los generadores de costes y valor. El marco de la cadena de valor enseguida se puso en el frente del pensamiento de gestión de empresa como una poderosa herramienta de análisis para planificación estratégica. Su objetivo último es maximizar la creación de valor mientras se minimizan los costos. De lo que se trata es de crear valor para el cliente, lo que se traduce en un margen entre lo que se acepta pagar y los costos incurridos.

El concepto ha sido extendido más allá de las organizaciones individuales. También puede ser aplicado a cadenas de suministro completas así como a redes de distribución. La puesta a disposición de un conjunto de productos y servicios al consumidor final moviliza diferentes actores económicos, cada uno de los cuales gestiona su cadena de valor. Las interacciones sincronizadas de esas cadenas de valor locales crean una cadena de valor ampliada que puede llegar a ser global. Capturar el valor generado a lo largo de la cadena es la nueva aproximación que han adoptado muchos estrategas de la gestión. A base de explotar la información que se dirige hacia arriba y hacia abajo dentro de la cadena, las compañías pueden intentar superar los intermediarios creando nuevos modelos de negocio.

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you tube (historia tarea 2)


Ésta es la corta pero asombrosa historia de YouTube. Un éxito que ha hecho olvidar los recuerdos de la burbuja tecnológica. Y tiene dos protagonistas jóvenes, cuya ventaja consiste en conocer directamente las pulsiones que subyacen en el uso que su generación hace de Internet.

Google inició su portentosa aventura en 1998 en Menlo Park, en el garaje de una novia de Sergey Brin, nacido en Rusia y creador, con Larry Page, del hoy famoso buscador. Durante varios meses del 2005, en otro garaje de la misma localidad californiana, junto al campus de Stanford, otros dos veinteañeros, Chad Hurley y el inmigrante taiwanés Steve Chen, concibieron YouTube, que en un año y medio de existencia ha escalado hasta la décima posición del ranking de audiencia en Internet.

Hace dos semanas, los cuatro desayunaron juntos en Denny's, modesto restaurante de comida rápida de Silicon Valley, y el desenlace se conoció el lunes: Google ha comprado YouTube por 1.650 millones de dólares (1.290 millones de euros).

Hurley y Chen son los nuevos héroes de la mitología californiana de los garajes. También los padres fundadores de Silicon Valley, Bill Hewlett y David Packard, empezaron en 1939 en una caseta de Palo Alto.

Muy cerca, más de treinta años después, viviría con sus padres en Palo Alto un tal Steve Jobs, que pasaba las horas encerrado en el garaje con su amigo Steve Wozniak, trabajando en el montaje de un ordenador al que llamaron Apple. Hay excepciones que confirman la regla: David Filo y Jerry Yang fundaron Yahoo! en un dormitorio universitario, y no fue en California sino en Nuevo México donde a Bill Gates y Paul Allen se les ocurrió la idea de fundar una empresa, Microsoft.

Todos ellos tenían 27 años. o menos, en ese momento crucial de sus vidas.
Tres generaciones distintas, con diferentes modelos. La actual hornada está representada por jóvenes que eran niños cuando Internet empezó a extenderse por el mundo. Es cierto que no han vivido la burbuja de fines de los noventa, pero han sabido despertar el interés de los fondos de capital riesgo.

YouTube debe su existencia a Sequoia Capital, que invirtió 11,5 millones de dólares (9 millones de euros) en el proyecto empresarial de Hurley y Chen. También Sequoia -con sede en Menlo Park- apoyó los comienzos de Yahoo! y Google, en cuyos consejos tiene representantes.

Hurley y Chen han saltado en pocas horas a las portadas de la prensa estadounidense y, para envidia de muchos, se han convertido en multimillonarios. No se sabe qué porcentaje de acciones se ha reservado Sequoia, pero la costumbre permite suponer que estará cerca del 40%; por otra parte, para atraer otros talentos, los fundadores al parecer han prometido otro 20% en opciones, quedándose para los dos una participación cuyo valor se estima en 650 millones de dólares (516 millones de euros).

Aunque a Google le sobra tesorería, pagará esta fortuna en acciones. Quien ha perdido la oportunidad de su vida ha sido el tercer fundador de YouTube, Jawed Karim, quien se alejó para proseguir su doctorado (en Stanford, claro).

La corta historia de YouTube registra el mayor crecimiento exponencial que se recuerde. Hurley pagó con su tarjeta de crédito la primera factura por la conexión de banda ancha que necesitaba para lanzar su web de vídeos online. Desde entonces, la demanda ha sido tan explosiva - 100 millones de visitas mensuales- que el coste de infraestructura ha subido a dos millones de dólares por mes. Este desembolso no podría continuar por mucho tiempo, a menos que se encontrara una forma de financiarlo con ingresos publicitarios.

Aquí es donde entra en escena Google. Según se ha informado, YouTube mantendrá su independencia respecto del servicio de vídeo de Google. Esto podría deberse al temor, nada descaminado, a que el olor del dinero atraiga sobre la empresa una lluvia de querellas por las infracciones a la propiedad intelectual que los usuarios de YouTube cometen cada día.

¿Verdaderamente vale YouTube el precio pagado? ¿Estamos acaso ante el esbozo de una nueva burbuja, alentada por valoraciones exageradas que no tienen ingresos ni se apoyan en un modelo de negocio discernible? Estas preguntas empiezan a plantearse, pasado el asombro inicial. No faltan opiniones según las cuales Google ha cometido un error, acuciado por la necesidad de multiplicar la audiencia para mantener el crecimiento de sus ingresos publicitarios.